
4. Nivel de percepción, entendimiento y perdón.
Se nota el “ summer time”, hay poquitas ganas de pensar. Bueno, en un esfuerzo de “voluntad” continuamos con lo programado.
Seguimos evolucionando (unos más que otros como siempre).A los que llegaron al nivel tres y decidieron mirar al interior, les acecha una nueva “trampa”. Pueden ver el mundo exterior “amenazador” y fuente de sufrimientos, lo cual, les puede llevar al camino “fácil” de intentar desconectarse del exterior e irse solamente hacia el interior como huida del mundo. Desde nuestro punto de vista, es el mismo grave error del nivel dos pero invertido hacia el interior.
Si se evita la trampa comentada en este nivel, es cuando se manifiesta nuevamente nuestra dualidad entre el nivel externo e interno y estos se deben armonizar. Debemos percibir el mundo externo tal cual, pero no dejarnos llevar por los impulsos emocionales actuando reactívamente en función de nuestros deseos. Para ello necesitamos esa quietud, esa Paz interior alcanzada en el nivel tres, y esto es, lo que nos ayudará en la toma de decisiones, en la aceptación y el entendimiento de las situaciones externas (en términos fisiológicos, es como intentar la armonización de los dos hemisferios cerebrales).
En este nivel, el mundo interior se hace mucho mas “vivo”. La calma y la paz conseguidas en el nivel tres, hacen que se empiece a entender cómo funciona “la realidad” y comienzan a desentrañarse los secretos del ser humano.
El “pensamiento” en ese estado interior, podríamos llamarlo “pensamiento intuitivo” y es nuestra nueva forma de “percibir” a “Dios”. Aunque nunca nos fiaremos de nuestra “intuición” hasta que no nos identifiquemos con ella misma. Esto tiene que ver con nuestra propia autoestima. Las personas que llegan al nivel cuatro, hace tiempo que abandonaron los valores grupales, ya no son atraídos por la competencia, la fama, la vana-gloria y todas las “fanfarrias” del mundo externo. Sin embargo, al conocedor del mundo interno, se le muestra la dirección evolutiva “correcta”: entendida como “ayudar” a quien lo necesita (cuando sea solicitado) originando una nueva fuente de autoestima.
En el nivel cuatro “Dios” se percibe en nuestro actuar como “comprensivo”, “tolerante”, “sin juicio (no juzga nada)”, “sabio”, etc.
Se nota el “ summer time”, hay poquitas ganas de pensar. Bueno, en un esfuerzo de “voluntad” continuamos con lo programado.
Seguimos evolucionando (unos más que otros como siempre).A los que llegaron al nivel tres y decidieron mirar al interior, les acecha una nueva “trampa”. Pueden ver el mundo exterior “amenazador” y fuente de sufrimientos, lo cual, les puede llevar al camino “fácil” de intentar desconectarse del exterior e irse solamente hacia el interior como huida del mundo. Desde nuestro punto de vista, es el mismo grave error del nivel dos pero invertido hacia el interior.
Si se evita la trampa comentada en este nivel, es cuando se manifiesta nuevamente nuestra dualidad entre el nivel externo e interno y estos se deben armonizar. Debemos percibir el mundo externo tal cual, pero no dejarnos llevar por los impulsos emocionales actuando reactívamente en función de nuestros deseos. Para ello necesitamos esa quietud, esa Paz interior alcanzada en el nivel tres, y esto es, lo que nos ayudará en la toma de decisiones, en la aceptación y el entendimiento de las situaciones externas (en términos fisiológicos, es como intentar la armonización de los dos hemisferios cerebrales).
En este nivel, el mundo interior se hace mucho mas “vivo”. La calma y la paz conseguidas en el nivel tres, hacen que se empiece a entender cómo funciona “la realidad” y comienzan a desentrañarse los secretos del ser humano.
El “pensamiento” en ese estado interior, podríamos llamarlo “pensamiento intuitivo” y es nuestra nueva forma de “percibir” a “Dios”. Aunque nunca nos fiaremos de nuestra “intuición” hasta que no nos identifiquemos con ella misma. Esto tiene que ver con nuestra propia autoestima. Las personas que llegan al nivel cuatro, hace tiempo que abandonaron los valores grupales, ya no son atraídos por la competencia, la fama, la vana-gloria y todas las “fanfarrias” del mundo externo. Sin embargo, al conocedor del mundo interno, se le muestra la dirección evolutiva “correcta”: entendida como “ayudar” a quien lo necesita (cuando sea solicitado) originando una nueva fuente de autoestima.
En el nivel cuatro “Dios” se percibe en nuestro actuar como “comprensivo”, “tolerante”, “sin juicio (no juzga nada)”, “sabio”, etc.





