Si observamos la flecha evolutiva desde el “Big-bang” (según la ciencia aplicada
al mundo físico-material), se pasa de un
nivel “sutil” (radiación, sopa de quarks, partículas subatómicas, átomos, etc.)
a una condensación, cada vez de mayor complejidad de “la materia” (energía). Desde el punto de
vista de “estados” de la materia, también hay un paso de “gas”, “líquido” a
“sólido” (lo entrecomillo, porque la diferencia entre un gas, un líquido o un sólido es simplemente la velocidad con que
se mueven sus partículas. En el sólido es donde están más estructuradas). Si
seguimos con la estructuración compleja, llegamos a la creación de ciertas
moléculas bases, ciertas “formas” que permiten el salto para la manifestación
de la vida.

En primer lugar, si observamos el proceso “creador-constructor”
del ser humano, antes de llevar algo a la “práctica”, existe una “idea”, una
intención, que trasciende la materia y que
más tarde permitirá su “materialización”.
Podemos haber pensado, que por “casualidad”,
las leyes son las que son, se manifiestan como se manifiestan, creando lo que
crean. Pero hagámonos la siguiente pregunta: ¿Qué es más complejo, un reloj de
arena, o un ser unicelular?.

Un ser unicelular tiene una complejidad enorme
con respecto al reloj de arena, la “información” es millones de veces más
compleja, porque tiene multitud de “elementos” (mitocondrias, proteínas, ADN, ARN,..)
funcionando en sincronía con miles de reacciones químicas complejas por
segundo. Si ambas cosas las dejamos en
manos del “ciego-azar” durante el mismo tiempo, desde el principio
de nuestra Tierra, hasta “el origen” de la vida, matemáticamente, lo menos
complejo es mucho más probable que lo más complejo. ¿Porqué no hay más relojes
de arena?
Cuando vemos estructuras regulares que pueden
tener ciertas “funciones” (o utilidades), inmediatamente pensamos en una
“inteligencia” que la ha diseñado y construido. Por ejemplo, vemos varias
piedras enormes en cierta disposición regular (digamos Stonehenge), y no decimos,
¡vaya! qué curiosa disposición debido al azar, sino que rápidamente deducimos que hay
“intención” en su estructuración. Sin embargo, vemos algo tan complejo como un organismo
unicelular, y deducimos en contra de las probabilidades y del sentido común, que
se ha creado por “azar”.
Si utilizamos nuestro pensar lógico, apoyado
en la teoría de probabilidades y la observación experimental, este, nos invita
a postular, que hay unas leyes “con intención”. Es decir, esas leyes de la
naturaleza que pueden expresarse matemáticamente, son como son, porque su
objetivo es crear unas condiciones específicas. Esas leyes y la “información”
que se oculta detrás de ellas, TRASCIENDEN por completo nuestro universo
material. Solamente un ser, con la capacidad de “pensar”, es capaz de “vincular
la idea” (y quizás expresarla simbólicamente mediante las matemáticas) que está
unida a la manifestación material que la
expresa. Ahí, en ese “pensar”, está manifestándose el
elemento TRASCENDENTE que caracteriza al Ser Humano.
Quizás es el momento de explorar terrenos
nuevos. Para lo cual, invertiremos la tesis: “la complejidad estructural
posibilita la conciencia y el pensar” por:
“La conciencia y el pensar” como actividad TRASCENDENTE, han
posibilitado la complejidad estructural para manifestarse en la materia”. Veremos si la observación apoya este cambio de perspectiva.
Imágenes
tal y como aparecen en internet.