En los comentarios de la pasada entrada (los límites de la razón II), apunté la experiencia de la Dr. Jill Bolte Taylor (http://www.youtube.com/watch?v=3RUUZHoNu0U). En dicho programa, la doctora hace una comparación entre el hemisferio izquierdo cerebral y un procesador en serie, y el hemisferio derecho y un procesador en paralelo. Esto me ha hecho pensar sobre la “percepción” de lo que llamamos tiempo.


Procesar la información en paralelo, o lo que es lo mismo, que ocurran todos los acontecimientos simultáneamente, es como dice la Dr Jill, la forma que tiene de procesar la información nuestro cerebro derecho. Es decir, todo ocurre en un AHORA constante. Eso es la percepción de la eternidad. Realmente, es en ese AHORA, en el único “espacio” donde puede ocurrir algo. En el pasado y en el futuro es imposible que ocurra algo, son “artilugios” mentales de nuestro cerebro izquierdo para moverse en el mundo físico-material (sensación de separación).
Resumiendo, con esa posibilidad dual de percepción (temporal (serie)- eternidad (paralelo)) que manifiesta el ser humano, es como si tuviera la posibilidad de generar una “realidad secuencial” a partir de una totalidad eterna.
El postular la existencia de “otros mundos de distintas dimensiones” (algo, que desde que se conocen registros culturales del ser humano ha sido “normal”, y han “constatado subjetivamente” muchos iniciados, aunque con otros nombres: nagual, el otro lado, mundos anímicos, o mundos espirituales,…), no tiene porque ser un axioma descabellado, si ayuda a justificar la fenomenología que nos crea paradojas con los axiomas actuales.
¿Puede ser el hombre un puente de consciencia entre los mundos multidimensionales superiores y el mundo físico-material (o realidad secuencial), donde tienen lugar las acciones volitivas?. Quizás esto sea motivo de otra entrada.
Imágenes tal y como se encuentran en la red.