
El otro día hablábamos del equilibrio entre las polaridades. Pues aquí tenemos un ejemplo polar que suele preocupar: salud-enfermedad. Llamamos “salud”, a ese estado de equilibrio dinámico de nuestro organismo con el entorno (homeostasis), en el que “todo el sistema” funciona correctamente. Es decir, nuestro cuerpo y “mente” (alma-espíritu), funcionan en un perfecto equilibrio dinámico. Al caso opuesto se le denomina “enfermedad”.
Para que un organismo-físico funcione como un todo, y lo haga correctamente, lo tienen que hacer todos sus elementos u órganos (junto con los seres-organismos en simbiosis con él). Para que estos órganos funcionen correctamente, lo tienen que hacer los tejidos y células, que los conforman. Bajando un peldaño más, es decir al nivel molecular (nivel en el que está actualmente la medicina alopática en su análisis), las moléculas que conforman las células, y median entre ellas, deben estar todas, y en las cantidades necesarias. Todo este mecanismo fisiológico, lo estudian en detalle la fisiología y la anatomía.
Parece ser, que hay dos formas diferentes de alterar ese equilibrio llamado “salud” para transformarlo en su opuesto polar, es decir, lo que llamamos “enfermedad”:
1) Por el medio fisiológico material: Envenenamientos, traumas y problemas genéticos.
2) Por el medio emocional-anímico-sensible: Nuestra forma de “interpretar y sentir” nuestras relaciones con el entorno y las emociones asociadas.
El primer caso está claro. Puedes entrar en contacto con un agente tóxico externo o puedes tener un trauma. Claramente, hay una alteración de la fisiología, motivados desde el entorno (causa exterior). Normalmente es lo que ha tratado la medicina alopática. La genética es la herencia de nuestro organismo físico, es decir, la forma en que la información (los “planos” de construcción y mantenimiento del organismo) pasa de un ser vivo a sus descendientes, y como tal, cuando hay problemas en ella, puede marcar una predisposición al desequilibrio (lo llamado comúnmente enfermedades genéticas).
El segundo caso, es el que está en estudio actualmente. Se conocen multitud de evidencias que muestran, que nuestros pensamientos y emociones (causa interior) alteran la química de nuestro cuerpo, alterando la homeostasis. Por ejemplo una situación de “estrés” (algo completamente subjetivo. Porque lo que para uno puede ser estresante, para otro no lo es en absoluto) produce una depresión del sistema inmunológico. Una de las disciplinas actuales que los estudia es: la “psico-neuro-inmunología” (una disciplina interdisciplinar).
Para quien quiera profundizar, con un mayor detalle sobre esta relación, lo puede hacer en el artículo médico: http://bvs.sld.cu/revistas/hih/vol23_2_07/hih01207.html
Para que un organismo-físico funcione como un todo, y lo haga correctamente, lo tienen que hacer todos sus elementos u órganos (junto con los seres-organismos en simbiosis con él). Para que estos órganos funcionen correctamente, lo tienen que hacer los tejidos y células, que los conforman. Bajando un peldaño más, es decir al nivel molecular (nivel en el que está actualmente la medicina alopática en su análisis), las moléculas que conforman las células, y median entre ellas, deben estar todas, y en las cantidades necesarias. Todo este mecanismo fisiológico, lo estudian en detalle la fisiología y la anatomía.
Parece ser, que hay dos formas diferentes de alterar ese equilibrio llamado “salud” para transformarlo en su opuesto polar, es decir, lo que llamamos “enfermedad”:
1) Por el medio fisiológico material: Envenenamientos, traumas y problemas genéticos.
2) Por el medio emocional-anímico-sensible: Nuestra forma de “interpretar y sentir” nuestras relaciones con el entorno y las emociones asociadas.
El primer caso está claro. Puedes entrar en contacto con un agente tóxico externo o puedes tener un trauma. Claramente, hay una alteración de la fisiología, motivados desde el entorno (causa exterior). Normalmente es lo que ha tratado la medicina alopática. La genética es la herencia de nuestro organismo físico, es decir, la forma en que la información (los “planos” de construcción y mantenimiento del organismo) pasa de un ser vivo a sus descendientes, y como tal, cuando hay problemas en ella, puede marcar una predisposición al desequilibrio (lo llamado comúnmente enfermedades genéticas).
El segundo caso, es el que está en estudio actualmente. Se conocen multitud de evidencias que muestran, que nuestros pensamientos y emociones (causa interior) alteran la química de nuestro cuerpo, alterando la homeostasis. Por ejemplo una situación de “estrés” (algo completamente subjetivo. Porque lo que para uno puede ser estresante, para otro no lo es en absoluto) produce una depresión del sistema inmunológico. Una de las disciplinas actuales que los estudia es: la “psico-neuro-inmunología” (una disciplina interdisciplinar).
Para quien quiera profundizar, con un mayor detalle sobre esta relación, lo puede hacer en el artículo médico: http://bvs.sld.cu/revistas/hih/vol23_2_07/hih01207.html
Desconozco, si finalmente se podrá demostrar de una forma “científicamente correcta” (como las evidencias indican) que, nuestra “mente-psique” (alma-espíritu), actúa directamente sobre nuestra bioquímica. Porque la medicina no es una ciencia exacta. Para mí, no hay ninguna duda. De todos formas, para quienes todavía las tienen: ¿Qué perdemos con una actitud positiva y evitando los enfados y la -mala sangre-? ¿He dicho mala sangre? ¡Cuanta sabiduría en el dicho!, ¿eh?