Siempre he tenido la sensación que los números en particular y las matemáticas en general están detrás de la naturaleza. Son el código oculto que rige el universo. Las estructuras numéricas y las leyes que los hacen interactuar están ahí, como pistas de la “perfección” que se mueve detrás del universo. El hombre solamente va descubriendo, paso a paso, esas “maravillosas relaciones”. Un ejemplo de estas “pistas” son esos valores numéricos llamadas constantes universales (si son tales constantes).
El término constante, se aplica tanto a ciertos valores que no cambian en las fórmulas matemáticas, como a otros que se manifiestan en lo que llamamos “realidad física”. En muchas ciencias, cuando hablamos de constantes, nos estamos refiriendo a un coeficiente que aparece en la expresión de una ley, y que muchas veces, es un valor numérico obtenido experimentalmente, que siempre es el mismo (o casi el mismo, dependiendo de la precisión de las medidas).
Por ejemplo, en geometría euclidiana, tenemos el famoso número “π =3,1415…”, que se puede obtener, al poner en relación (dividir) la longitud de una circunferencia con su diámetro L/D = π (como nunca se puede obtener por medio de una razón es un número irracional y también es trascendente porque no es solución de ningún polinomio de coeficientes racionales). Este famoso número aparece “constantemente”, en las ecuaciones que modelizan mediante funciones aritméticas ciertas leyes físicas.
En cálculo, tenemos el famoso número “e=2,7182..” (Número de Euler y base de los logaritmos neperianos, también irracional y transcendente) que aparece en muchos fenómenos físicos que siguen una función exponencial (amortiguaciones, fenómenos eléctricos de extracorrientes de cierre y apertura, cargas y descargas de condensadores, periodos de semidesintegración de átomos radioactivos, etc.)
En física hay muchas más constantes, que si no tuvieran los valores que tienen, ni nosotros, ni el universo podríamos existir tal y como lo conocemos. Entre otras por ejemplo: La carga del electrón, , la constante de Plank, constante reducida de Plank ђ = h/2 π , la velocidad de la Luz (c = 299792458 metros/Segundo), etc.
Tenemos una constante muy curiosa, la llamada “constante de estructura fina” α = 1/137,035… (1) Que determina la intensidad de las fuerzas de iteración electromagnética (por intercambio de fotones)
Esta última constante, tiene algo de especial porque relaciona el electromagnetismo (carga del electrón) la relatividad (velocidad de la luz) y la constante de Plank (mecánica cuántica) y es adimensional (esto significa que es simplemente un número, aproximadamente 1/137,035.. ).
Según cuentan, Richard Feynman, Wolfgang Pauli, Heisenberg y otros científicos de principios del siglo XX, estaban obsesionados con este número 137. Dicen que A. Stanley Eddington le hubiera gustado que fuese el 136, para que todo encajara en una
brillante ecuación de 16 dimensiones, para su teoría de gran unificación, pero el 137 ¡es tozudo!.
Esto del 137 me ha traído a la memoria el “Angulo de oro”(2) que es aproximadamente 137,5 grados. ¡Qué curioso! Coincide la parte entera con la inversa de la constante de la estructura fina
Curiosamente estos tres números primos (considerando el 1 como tal) el 1, el 3 y 7, siempre han sido muy especiales desde un punto de vista esotérico: La unidad origen, la trinidad creadora (al dividirse la unidad, quedan dos partes y el “entre” y el famoso 7 como marcador de ciclos vitales y escalas (musical, luminosas, etc.)
Podemos decir (y nuestra ciencia así lo demuestra continuamente), que detrás de las formas manifiestas de la Naturaleza que percibimos en el universo, se esconden los números, la aritmética en partículas y las matemáticas en general. Esto, es los que nos permite entender paso a paso, dicha Naturaleza física utilizando la razón. ¿Pero podremos llegar con la razón hasta el final y conocerlo todo? Pues parece que no, pero esto será para la próxima entrada.
Notas
(1) : α = / ђ. c. Carga del electrón al cuadrado dividido por la cte. Reducida de Plank por la velocidad de la luz.
(2) El ángulo de oro, se obtiene al dividir 360 grados entre el número áureo + 1. Este suele ser el patrón de crecimiento circular de los pétalos de ciertas flores y otras formas naturales.
Imagenes tal y como aparecen en la web.